Son veintidós años los que ahora acabo de cumplir y me apetecía pasarme por aquí a reflexionar acerca de todo.
He crecido muchísimo en este último año, como persona desde luego que la base es la misma, los mimbres siguen desde hace años pero lo que lo rodea, la estructura que va por fuera es otro cantar. Eso se ha endurecido, lejos de resquebrajarse, ha sellado grietas antiguas añadiendo capas de grueso cemento en ocasiones de indiferencia, en ocasiones de confrontación al dolor. He perdido amigos, y ganado otros. He visto como las mujeres de las que me he enamorado ya ni me hablan por que pusieron sus ojos en otros, no las culpo, ninguno de los dos supimos estar a la altura.
En este año he aprendido a querer de forma adulta gracias a una chica que ha sido luz donde yo creía que solo había sombras. Esa chica ya no está, pero su luz sigue y nunca olvidaré lo que hizo.
Este año he aprendido a mirar de lejos , a dejar que otros lleven las riendas y sean los protagonistas. Ya no necesito esas cosas para ser feliz. He aprendido a valorar una media sonrisa en lugar de solo una carcajada. He aprendido que la derrota y el triunfo no son más que impostores a los cuales hay que tomar poco en serio.
He aprendido a entenderme a mi mismo, y a escucharme para saber que quiero. He aprendido que quiero a alguien con quien compartir mi día a día y que aunque diga a veces que no, es jodido estar en ocasiones solo.
Pero en fin, fluiré con la vida, apreciando las pequeñas cosas y capeando los temporales. Y si con mis las de acera debo volar hasta caer como Ícaro así lo haré pues solo cayendo un hombre puede levantarse. Y solo levantandonos aprendemos de nuestros errores.