Su cabello rubio danzaba al ritmo que le susurraba la brisa del mar. Ella estaba ahí en frente, desafiando al temporal que se avecinaba. Su vestido se mecía sobre el suave viento y su tez pálida lucia brillante bajo la luz del sol.
Ella era fría y distante hacia mi pero yo siempre seguía absorto y de rodillas mirándola. Como aquel que ve una obra de arte moderno que inspira pero no entiende. Como un marinero que ve el faro de vuelta a casa pero que aun sabe que está demasiado lejos.
Sus labios rosados me provocaban ternura y a la vez pasión ,sus ojos tan fríos y a la vez tan intensos con ese color océano me hacían perderme en ellos. Zambullirme en su mirada para ahogarme dentro en busca de su amor.
Todo eso significaba ella y ahora ya solo quedan restos de aquella ciudad amurallada.
Dos mujeres de color zafiro me robaron mi corazón y ninguno dejo su color carmín grabado en mi piel.
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