Si de algo puedo presumir es de que a mis 21 años he tenido la posibilidad de conocer a chicas muy diferentes. Cuando digo conocer me refiero a entablar vinculos más allá de simples conversaciones, pero sin nunca llegar a amistades redondas o a relaciones sólidas, dado que de estas últimas no he tenido ni una.
Todas las mujeres que estan en ese saco, me han aportado, más o menos, pero siempre aportan algo. Pero hoy me es inevitable sincerarme y deciros que en dias como ayer, es la chica alemana la que viene a mi mente. En el pasado hubiera sido Eva (pseudonimo) que por supuesto viene de vez en cuando, pero ayer no fue ella.
Por eso me apetece escribirle aunque se que no me leerá y decirle cosas que no le dije y que con seguridad le diré sin obtener respuesta a mi favor.
Sabes que... tu dentista mentía, no tienes una sonrisa de cine. Porque en el cine muchas sonrisas son forzadas, sin embargo la tuya es natural. La tuya era aire fresco en los dias de calor, o rayos de sol en un día lluvioso. Ahora no hablamos y no puedo nada más que temer que me olvides pero quisiera que supieras que en ocasiones me quedo con las ganas de decirte que te echo de menos. Que no es sencillo olvidarte, por que haces mella, pequeña y testaruda chica alemana. Desde tu acento al decirme ofendido hasta tu forma de lograr que lo estuviera solo por tener tu razón.
Lo que tuvimos fue... en gran medida un amor de verano, de esos que hay que tener una vez en la vida. Intensos como una lengua de fuego pero efímeros al mismo tiempo. Fuiste una tormenta que inundó mi corazón de ilusión por querer de nuevo. De ilusión por buscarte a tu habitación cuando no podías dormir y quedarnos en vela hablando. Me dijistes cosas que no me esperaba oir, y todas de ellas en el momento en el que más lo necesitaba. Incluso con el rimel cayendo por tus mejillas eras preciosa, como aquel día en el que viniste a buscarme para decirme que te gustaba y que querías estar conmigo. Nunca te lo dije pero ese día parte de mí se enamoró de ti y dudo que nunca deje de hacerlo. Tu sinceridad, tu amabilidad y tu honestidad en cada palabra conmigo eran bálsamo para todas mis heridas creadas por mentiras y engaños del pasado. Eras tú la que me enseñó que eso de querer es otra cosa, y no yo como a veces decías. Nunca olvidaré tu forma de besarme de abrazarme, de venir en medio de una fiesta y sin pretexto alguno cogerme la mano para ponerla en tu cintura. Eso mi querida alemana es ganarse a un hombre. Y tu me ganaste poco a poco, como poco a poco fuimos estando cada vez más juntos y más tiempo tirados en la cama sin hacer nada, pero haciendo mucho al mismo tiempo, por que creeme que mirarse y decírselo todo el uno al otro no es nada sencillo. Asi que quiero darte las gracias por hacerme crecer y por devolverme fe en algo tan necesario como el amor, y por enseñarme que amor quiero. Y como me debo de sentir cuando me quieran. Deseo decirte que no me olvides y que no te vayas pero ahora mismo no puedo. Debes volar un tiempo sola y no quiero ser un ancla o un amarre para ti. Por tanto quiero concluir esta carta recordandote que cada segundo que hemos estado juntos, ha sido increible y que nunca podré olvidarte.
Espero que la vida nos deje volver a vernos y por que no cumplir alguna de esas ideas locas que teníamos y que no llegamos a realizar.
Con cariño desde las frías sábanas de habitación.
Alex.
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