No solía ser un tipo demasiado agradable de hecho mi fama y mi mayor talento es el de ser borde pero aquella noche ocurrió algo distinto.
Estábamos en aquel local donde siempre me habían dicho los colegas de ir muy cerquita de Gran vía en pleno Madrid. El local no tenia demasiada cosa típico pub con aires de americano pero toque español inconfundible, mucho jaleo musica medio alta y sobre todo alcohol barato. Aquel día había sido bastante jodido en el curro así que no tenia muchas ganas de trabajar, pero era una noche de micro abierto, así que la gente se podía subir tanto a dar una charla como leer un poema hasta a cantar una canción aleatoria. Tras escuchar a compañeros de curro exaltando su amor hacia la amistad llego algo que me dejo completamente tocado.
Aquella chica rubia con una falda con estampados de flores y tacones rosas se subió al escenario. Cabello rubio, ojos azules, labios rosados, el canon de belleza clásico acompañado de unas curvas exuberantes hacia que su sola presencia fuera algo que resaltar. Pero lejos de amenizarnos la velada con otro horrible destrozo musical ella hizo algo distinto...
Aquella chica que dejaba caer su flequillo sobre los ojos comenzó a dar una charla acerca de las segundas oportunidades en las relaciones así como de las vueltas de la vida. Esbozaba medias sonrisas y levantaba su tímida mirada de vez en cuando.
Yo por mi parte estaba ansioso por cruzar nuestras miradas había algo en ella notaba algo roto pero a la vez precioso. Notaba algo de tristeza pero a la vez una alegre resignación. Ella me tenia embelesado con ganas de más ansiaba tomarme una copa y fumar con ella y charlar durante horas pero cuando ya me iba a acercar ella decidió levantarse e irse.
Cogió un taxi con destino a Atocha eso es todo cuanto se de su destino. Sin embargo en ese preciso instante me di cuenta de que había algo que aun valía la pena en Madrid.